La psicología del color en la ropa.

No es una temporada de oscuridad, a pesar de su cromatismo matizado por las tierras húmedas y los cielos nubosos, pero sí de melancolía y nostalgia por una mágica naturaleza invernal que llama a las puertas de la ciudad.

O así nos lo proponen las firmas de moda, que, al ensombrecer sutilmente algunos de los colores primarios que han utilizado, confirman lo que ya escribió Goethe hace dos siglos contra las teorías de Newton: El negro es un ingrediente activo y con una pasiva ausencia de luz, y el color es un grado de la oscuridad, en su libro Teoría de los colores (1810).

Nada como recurrir a la andadura de este poeta ilustrado por los viricuetos del impacto psicológico que producen los colores en el ánimo y la emoción para poder comentar de unas maneras más o menos poéticas, supersticiosas o pseudocientíficas los colores de la moda que viene.

Casi todos los diseñadores han fantaseado con los clásicos cuentos de los hermanos Grimm y sus colores originales, teniendo en cuenta que estos contienen tanta inocente alegría como sombrías amenazas.

Así es la vida a todo color, una de cal y una de arena, incluso en la imaginación infantil. De modo que las negras y a veces góticas capas y capuchas de Valentino, Dolce & Gabbana, Alexander Moqueen, incluso con sus bordados de mariposas, flores de matrioshkas, nos remiten a la protección que ofrece lo oscuro, a la seguridad de la sombra total. Hay algo en el color negro: te sientes escondida en él”, escribió la pintora Giorgia O’Keefe.

Contra la oscuridad romántica, aparecen las luces de la hadas: Botas cubiertas de lentejuelas y strass, los zapatos de cristal de Cenicienta interpretados por Saint Laurent y Moqueen, que hipnotizan y secuestran a quien los mira.

Tanta fantasía debe tener su contrapartida racional: en pasarelas como la de Louis Vuitton ha habido composiciones geométricas con los colores del suprematismo soviético, el beige, el gris, el negro, el blanco y el Burdeos, una llamada a la revolución ordenada.

La psicología del color en la moda.

  • Amarillo: El color de la madurez, es espontáneo e impulsivo. Es el color que mejor se ve, sobre todo combinado con el negro.
  • Rosa: Suave, tierno, natural, dulce y delicado. Tiene un punto de erotismo porque nos evoca a la piel. Se adapta perfectamente a otros colores.
  • Rojo: Es el color del amor y la alegría. Es cálido y cercano. Junto al rosa parece inocente y con el violeta es más seductor. Junto al negro es pasión.
  • Verde: Alegra la vista sin cansarla. Es un color que tranquiliza, alivia y acoge. Se asocia a la primavera, a la salud y a la fertilidad.
  • Azul: Es frío, sereno, fiel y femenino. Combinado con el negro parece masculino y grande, con el verde y el rojo despierta sentimientos de simpatía.
  • Negro: El favorito de los diseñadores por su simplicidad y elegancia sin riesgo. Da personalidad y aunque parece un color único hay más de 50 tonos.

El color, un arma de doble filo.

Entre los múltiples patchworks (Castelbajac, Matthew Williamson, Stella McCartney, Missoni, Bottega Veneta, Valentino) en gamas oscuras, asoman puntos y estrellas fulgurantes de brillo amarillo, fucsia, carmesí y violeta, que delatan, por orden de aparición, el deseo de un subidón, un poco de amor, mucha fiereza con algo de estrés y una pizca de espiritualidad.

Quienes, como Prada, Marni, Dior o Miu Miu, han optado por ofrecernos los colores más brillantes del arco iris incluso en pieles y plumas, nos están desafiando, pues de todos es sabido que cuando el color que llevas es lo primero que se ve en ti, es que no llevas tu color.

O sea, que eres una víctima de la moda o adicta a la alfombra roja, por ejemplo, a pesar de la advertencia de Goethe en la que dice de algunos colores trasladados a la superficie textil: “La bella impresión de fuego y oro se transforma… y el color del honor y la alegría se cambia al de la ignominia y la aversión”.

Esperemos pues que el color refuerce el diseño sin matar al mensajero, es decir, a la persona que lo lleva.

También hay grises masculinos para mujeres que trabajan como hombres, y rosas (Chanel, Moschino) para todas aquellas damas que no suelen ruborizarse por su esforzado culto a la eterna juventud.

Colores futuristas?

Los drones ven, pero cambian los colores y el prima, así como el ángulo de su mirada. Es lo que quieren expresar la colección de Fendi, y más de dos mil años las escenas del circo de Roma a través de las facetas de sus numerosas piedras preciosas. Una vuelta de tuerca al color de la realidad.

Colores con esencia orgánica.

Y finalmente, aparecen los verdes y los marrones (Belenciaga, Donna Karan NY, Miu Miu) con nombres comestibles: crudo, pastel, mostaza, chocolate, guisante, acelga, oliva, todo un huerto de pacifica naturalidad, el eterno retorno a las raíces.

Dicen que el verde es el color de la empatía y del reposo. Imaginemos que la temporada se completa con una copa de buen vino y un puñado de moras. ¿Apetece?

“Las mujeres no llevan lo que les gusta. Les gusta lo que llevan, dijo Christian Dior”.